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DEPARTAMENTO DE LA FAMILIA DEL PINO
RIO VOLGA No. 17, 1er. PISO
COL. CUAUHTÉMOC
CIUDAD DE MÉXICO


Sobre el módulo de madera que esta frente a mí, en esta habitación, se levantan con orgullo varias fotografías enmarcadas con diversos materiales. Es cierto, soy demasiado creativo y amoroso. En una de ellas, está Fernando posando en traje de baño sosteniendo una Coca Cola en botella expresando una enorme y grata sonrisa, se la tomé desprevenido. En otra estamos sentados juntos y sonrientes durante la fiesta de cumpleaños de Angélica, mi mejor amiga, y por último, otra en donde estoy modelando desnudo y tapándome... ustedes saben qué, con un calcetín.

-Hola, soy Rodrigo. Aunque no lo crean en estos momentos estoy muy ocupado, de echo, estoy combinando mis pensamientos con lo que estoy haciendo. No sé como lo vayan a tomar pero lo que realizo en este instante me llena de satisfacción y orgullo, creo que estoy demostrando mi capacidad. A decir verdad estoy un tanto incómodo, pero ello no es problema, me refiero a que, como estoy, no puedo concentrarme en lo que digo. Hablo conmigo mismo e ignoro todo a mi alrededor. Es cierto, lo que pienso trato de mantenerlo pero lo que hago, simplemente dejo que suceda. Miro a través de un espejo que esta en mi lado derecho y observo a la flamante oscuridad en tonos rojizos. Que rico. Y heme aquí, estoy cogiédome a mi mejor amigo, I'm fucking with my best friend, como se diría en inglés, creo. Y aunque no lo crean, Alberto, el chavo con quien cojo, simplemente es mi mejor amigo. Dentro de diez o quince minutos, mi novio, el de a de veras, pasará por mí y por Angélica para irnos al Antrito, y echar desmadre un rato. Pero por lo pronto, disfruto tranquilamente de lo que estoy haciendo. He de confesar que estoy cansado y mareadón pues es la cuarta vez que lo hago con Albert, él esta debajo de mí mirándome con sus ojitos color miel, está sumamente excitado y me doy cuenta porque no ha dejado de exhalar. Para que lo sepan, Alberto es hermano de Angélica, desde luego ella no sabe que su brother es guei -gay- y, claro, no sabe que él esta conmigo en estos momentos. ¡Cómo me gusta ver sudar a este chavito! Ambos somos casi de la misma edad, Alberto tiene 20 y yo 22. Mi novio, el oficial, Fernando, tiene 23. Angélica tiene 22 años y nos conocemos desde la preparatoria, el primer semestre, desde entonces sabe de mi vida y mis gustos. Yo no soy nada obvio, al contrario, me gusta ser yo mismo. Me refiero a que las pinches mariconadas no van conmigo, no critico a los que son así pero ello no me late. Y pues ya me cansé, en estos momentos estoy saliendo de mi cuate y lo dejo respirar. El ya quedó satisfecho pero yo, creo que llené el plástico dos veces, creo que saben a que me refiero. Quedo tumbado sobre la cama riendo y mirando a Alberto. Él quiere besarme pero lo dejo con las ganas, me levanto, me quito el condón y lo guardo en una bolsita de plástico listo para tirarlo a la calle. No hay más.

¡Ups! Alguien esta tocando a mi puerta, mis padres no llegarán del viaje a Orlando dentro de seis días más, se llevaron a Javier a ese chingado parque de diversiones.

-¡Abre, cabrón!! esa era la voz de Angélica, indiscutiblemente- ¡Rodrigo, abre la pinche puerta! y tuve que cruzar todo el alfombrado depa de color verde.

-¡Que quieres pendeja! le grité dando tiempo a que Alberto se vistiera lo más rápido posible y saliera por la ventana para brincarse al siguiente piso, su casa.

-¡Cabrón! ¡Abre la pinche puerta! ¡Crees que no sé que estas encerradote con Alberto!!

-¡Te pasas! -abrí la puerta y Angélica me miro semidesnudo pues solo usaba una toalla amarrada a la cintura- Oye, apenas me iba a meter a bañar.

-Pendejo.. Angélica vio que en mi depa no había nadie, de ello se cercioró.


Angélica revisó cada centímetro de mi depa, bueno, del depa de mis papás. Entró a la cocina y no vio a su hermanosaurio, salió y entró a la habitación de mis papás y tampoco lo vio, pero cuando entró a mi recámara y caminó rumbo al balconcito, jaló sorpresivamente la perilla del ventanal. En ese mismo instante, Alberto terminaba de brincar el barandal y rápido abrió el ventanal de su recámara. Angélica, todavía y con cinismo, miró hacia donde su departamento estaba. Obviamente, y para suerte, no alcanzó a ver a su hermanito.

-¡Te pasas!! me atreví a gritarle- ¿Cómo crees que yo iba a abusar de tu brother?

-Pendejo, ¿Crees que soy taruga? me dijo- Sí sé que tú y el cabrón aquel se acuestan cuando mis papás no están.

-Me ofendes.. -le hablé a punto de echarme a reír.


Sin embargo, Angélica se retiró. Se atrevió a verme de abajo hacia arriba, recuerden que solo tenía una toalla.

-Pinche, vieja. Esta loca la güey.


Entré al baño y abrí la llave del agua caliente. Comencé a mojar mi cabello y disfrutaba como mis dedos cruzaban mi incómoda cabellera. Mientras disfrutaba del shampoo, comencé a recordar mi época moza. ¡Que chingados! Me acuerdo de la vez que me puse ropa de mamá cuando tenía siete años. El que me vio en aquella ocasión fue mi tío y nunca dijo nada. El hermano de mi Papá siempre me llevaba a los partidos de fútbol, a los de béisbol, y en general demás deportes aburridos. Sin embargo, solo uno me llamaba la atención, el de los clavados, porque me gusta ver a los chavos casi desnudos. Pero poco me duró el gusto, con el paso del tiempo fui olvidando mis actividades raras. Pero no tardó mucho pues a los trece años, un barro se atrevió a interrumpir mi viva imagen de apolo. Se me hizo fácil taparlo con maquillaje max factor, toda la escuela se dio cuenta del detalle pero los ignoré a fin de cuentas. A partir de aquella vez, recordé las ropas de mi madre y de nueva cuenta comencé a utilizarlas. Mis padres nunca se dieron cuenta.

 

¡Cómo que el agua caliente ya me esta quemando la piel! Bueno, la medié y estaba muy rica. Me gusta frotarme con el jabón Dove, me gusta sentir como su cuarto de crema humectante se expandía en mi piel. Que rico es sentir darte un buen masaje con el jabón, con movimientos circulares, enredar la pieza con tus vellos.. ¡Rico, rico, rico! ¡Enredarlos y después jalarlos! Lo que más me encanta del baño es que puedes tocarte a placer. ¡Y claro! lo disfrutas más cuando estás escuchando una canción de José José. ¡Y cómo no voy a disfrutar cuando la barra de jabón se cae al suelo y te tienes que agachar para recogerlo! Pero ¡¿Cómo crees!? Estarán pensando, pero es la verdad, ¿no?.

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